martes, 11 de noviembre de 2014

DOS CUENTOS

Hace mucho que no me paso por el blog. Como la economia va fatal y el país se nos llena de ladrones, para desengrasar escribo dos cuentos. Escribir no es nada fácil, escribir bien solo está al alcance de muy pocos, si se trata de escribir para jóvenes o niños la cosa se complica y si se pretende ser original, la tarea se torna en casi imposible. Pero bueno, ya lo dijo Enrique Jardiel Poncela: “Si todo el mundo fuese original nadie sería original, solo sería original aquel que no lo fuese”. Debo advertir que en estas historias, cualquier parecido con la realidad o la ficción no es casualidad.

 AMBICIÓN Me contaba mi abuelo una historia que a su vez a el le contó su abuelo. Acaeció en un pueblo de la mancha manchega. No supo decirme su nombre, solo me dijo que este lugar era un sitio mas bien feo y vulgar y que además nunca pasaba nada. Tanto era así que a nuestro mas famoso caballero andante Don Quijote ni se le ocurrió pasar por allí, pues no había gigantes que combatir ni entuertos que enderezar. En este lugar vivían dos hermanos, Eliseo y Anselmo. Eliseo tenía un comercio en el cual vendía productos de la tierra y la vida le sonreía, tenía su buena casa y su mujer y sus hijos lucían buenas ropas. Eliseo era muy ambicioso pero sobre todo, como se dice por estos lugares “mu agarrao mu agarrao y un absoluto”. Anselmo era arriero y con su burro cargado de especias recorría las aldeas cercanas. Al contrario que a su hermano a el no le iba bien su negocio. Vivían su mujer y sus hijos en una vieja cabaña y escasamente les llegaba para mal comer y mal vestir. En alguna ocasión le pidió ayuda a su hermano pero como ya queda dicho este era demasiado avaro y le ponía mil excusas para negársela. Cansado de esta situación Anselmo cargó su burro con todas las especias que pudo, pimienta, clavo, cominos, nuez moscada, alcaravea, anís, canela, etc. Se pertrechó con ropa de abrigo, de dos gruesas mantas y se despidió de su mujer y sus hijos para buscar fortuna en tierras mas lejanas. Y caminó con su burro una jornada y otra y otra, quería ir al norte, pero no al norte que hay detrás de los cerros del pueblo sino al norte donde mas allá no exista el norte. Y así llegó a un pequeño país donde todo era hielo y nieve y sus moradores vivían en casitas redondas que ellos llamaban iglús. En este punto de la historia interrumpí a mi abuelo para hacerle notar que con un burro no se puede ir a un país tan lejano. Muchachito, dijo mi abuelo, un arriero manchego puede llegar al otro lado del mundo, no ya en burro sino andando y con las alforjas al hombro, me contaron mis abuelos que a ellos les contaron los suyos que cuando Cristóbal Colón llego a América se encontró con un arriero vendiéndole especias a los Incas, a los Mayas, a los Aztecas y a todo el que por allí moraba. Asentí con la cabeza y mi abuelo continuó la historia. Anselmo con su burro comenzó a vender sus especias por las calles y los habitantes de este país que estaba al norte de todo y que su alimento era básicamente el pescado, descubrieron un mundo nuevo de sabores en sus guisos con la pimienta, el orégano, los cominos y sobre todo con el azafrán. Tal fue el éxito de nuestro arriero que llegó a oídos del Rey y lo mandó llamar a la corte. Anselmo se presentó con su burro en palacio y el Rey, hombre humilde, bondadoso y agradecido lo colmo de atenciones a las cuales nuestro hombre de la mancha manchega correspondió regalándole dos tarritos de azafrán al monarca. La Reina quedo extasiada al ver aquel producto que jamás había visto ni olido. Sumamente agradecidos sus majestades no sabían como agradecer a Anselmo su regalo pues en ese país no tenían nada que pudiese igualar el valor del azafrán. Bueno si, había una sala llena de oro pero eso para ellos no valía nada, así pues cargaron el burro con oro, rubís, esmeraldas y todo tipo de joyas disculpándose ante nuestro arriero por no poder obsequiarlo con algo mas valioso, y deseándole un feliz viaje de regreso a su tierra manchega. Su mujer e hijos le recibieron llenos de jubilo y pronto construyeron una nueva casa, se compraron las mejores ropas y compraron las tierras de alrededor donde sembraría una viña y un huerto. Eliseo aun viendo holgadamente no era feliz con la suerte de su hermano, mas bien al contrario, la envidia le corroía por dentro y no paró hasta conseguir de Anselmo la dirección de ese país que estaba al norte de todo y en el cual todos los caminos que salían de el iban al sur. Eliseo no se lo pensó, vendió su tienda, unció su caballo en su carro, lo cargó hasta arriba de productos de la mancha y emprendió viaje hacia la dirección que le dio su hermano. No tuvo problemas en llegar, fue preguntando por el norte hasta llegar a ese lugar donde sus habitantes le dijeron que desde allí solo se podía ir al sur. Al igual que Anselmo su éxito fue impresionante. Los moradores de ese país de hielo y nieve quedaron fascinados con los productos manchegos, el aceite de oliva, el jamón, las aceitunas, los chorizos, los tomates y hasta berenjenas de Almagro les llevó Eliseo. Tal fama como es natural también llegó a oídos del Rey que lo mando llamar. Eliseo se frotaba las manos y ya se veía en la sala donde estaba el tesoro y al Rey cargándole su carro de oro y piedras preciosas. Sin dilación se dirigió a palacio donde también fue recibido con todos los honores. Nuestro ambicioso manchego pensó que si le hacia la pelota al monarca con un buen regalo le llenaría el carro con mas oro y así saco de sus alforjas dos quesos y dos botellas de tinto gran reserva de Valdepeñas y se los ofreció al Rey. Este quedó anonadado, ¿cómo podría corresponder a tan impresionante regalo? En su reino solo había oro y eso no tenía ningún valor para el, y pensó y pensó, al final se le iluminó la mirada y llevo a Eliseo a la cocina y le obsequió con lo mas valioso que tenía en reino. Dos tarritos de azafrán. Así pues nuestro avaricioso y envidioso manchego se vio de nuevo en el pueblo sin mas fortuna que los tarros de azafrán. Y es que querido chaval, concluyó mi abuelo, la avaricia rompe el saco. Sin embargo, apostilló mi abuelo Eliseo volvió a comprar la tienda y llenarla productos, ¿quién crees que le ayudó? Pues no se, dije yo. ¡Pues su hermano hombre! La generosidad y la bondad siempre se impone. Al menos en esta historia. KIKA LA TROMPETERA La historia de Enriqueta sucedió hace muy poco tiempo y en un lugar muy cercano. El Cigúela es un río que discurre en su totalidad por territorio manchego. Durante los meses de verano sus 200 km de longitud permanecen generalmente secos. No obstante en sus orillas entre carrizos y cañaverales permanecen multitud de charcas de agua estancada. En una de estas balsas de agua y a escasos 30 km de su desembocadura en el Guadiana vive Enriqueta. Debo decir antes de continuar que Enriqueta es una mosquita, pero no una mosca pequeña sino la hembra de un mosquito. Sus atributos bucales para succionar sangre son extraordinarios y todo el mundo en este lugar la conoce como Kika la Trompetera. Como es natural multitud de mosquitos hacen cola pretendiendo ser sus novios. Kika uno por uno los rechaza a todos, a unos les ve las patas cortas, a otros se las ve largas, otros su vuelo es desgarbado y así sucesivamente quizá esperando que llegue su príncipe azul, que en este caso sería su mosquito azul. En este tiempo sus compañeras le han organizado una fiesta con motivo de su mayoría de edad pues acaba de cumplir sus 21 horas de vida pero Kika, a pesar de los agasajos se siente triste y desgraciada. No le gusta ningún mosquito y la charca le viene pequeña, además por ahí no pasa nadie y se tiene que conformar con chupar sangre de alguna perdiz o de algún conejo. Su madre sufre al verla tan infeliz, por eso después de la fiesta habló con ella: -Hija, te veo muy desdichada en este lugar, deberías irte con la tía Paca, es tu madrina y me han llegado noticias de que vive en un lugar paradisíaco y con mucho ambiente. -Vale mama, ¿pero donde está eso? -Son unas lagunas y solo tienes que viajar unos cuatro kilómetros en dirección por donde se pone el sol. Una vez estés allí observaras entre jucos y carrizos diversas colonias de mosquitos. A todas ellas se las conoce como La Chelinesia y deberás viajar a la última de ellas adonde se acaba el carrizo. Allí vive la tía Paca. A Kika le pareció buena la proposición de su madre y se dispuso a hacer la maleta para marchar (es una forma de hablar porque los mosquitos no tienen maleta). Así pues esperó a que el viento se calmase y levantó el vuelo dispuesta a recorrer el trayecto que separaba la charca del río Cigüela de esas lagunas fabulosas que le había hablado su madre. Después de una hora de camino y algo fatigada las divisó y era verdad, le parecían inmensas. Se acercó un poco mas por su parte este y observó toda su orilla cubierta carrizos cañas y juncos. También pudo ir viendo las diferentes colonias de mosquitos que conformaban la Chelinesia. Apunto de desfallecer llegó al último poblado mosquetil y allí estaba esperándola la tía Paca. Después del saludo y los abrazos correspondientes Kika relató a su tía su aburrida y desgraciada vida en la charca, de cómo ningún mosquito le gustaba de compañero y de su temor a quedarse solterona, de la soledad de ese lugar en el cual no pasaba un alma a quien picar. Paca la escuchó con atención y aconsejó a su sobrina: -Mi querida Kika, aunque ahora me veas muy deteriorada yo de joven era una mosquita de armas tomar y como tu buscaba mi mosquito azul. -¿Y lo encontraste tita?. -Si, lo encontré, su cuerpo era una maravilla, sus patitas perfectas y su vuelo majestuoso. Me enamoré perdidamente de el. -¿Y que pasó?. -Pues que me rechazó, me dijo que el estaba buscando a la mosquita perfecta y estaba claro que yo no lo era. Y aquí me tienes soltera y sola, por eso mi querida mosquita debes rebajar tus pretensiones y elegir un compañero aceptando sus defectos y que el acepte los tuyos. Kika tomó buena nota de los consejos de su tía y así de los cientos de pretendientes que tuvo en su nuevo domicilio eligió por fin a uno. No era el mas guapo, ni el mas listo, le faltaba una patita y sus alas estaban torcidas, lo de la patita no se le notaba porque los mosquito andan mas bien poco, pero lo de las alas si porque volando parecía un borracho. A Kika le parecía muy divertido y se reía un montón con el. Bueno un poco pedante si que era, decía llamarse René Moustique y descender de una familia francesa de alto linaje que vivió en Paris en las orillas del río Sena. Sus antepasadas, afirmaba René chuparon sangre de personajes como Napoleón o de reyes como Luis XV. Debo aclarar a estas alturas del relato que René se refiere a sus antepasadas porque los mosquitos molestan pero no pican, es decir sus organismos no están preparados para succionar sangre y por tanto se alimentan de otros microorganismos. Son las mosquitas las que son hematófagas, necesitan la sangre para hacer su puesta de huevos sobre el agua que al poco tiempo serán larvas y después mosquitos y mosquitas adultas. La tía Paca cortaba a René en sus divagaciones. -Vamos René hermoso, no seas presumido, tus antepasados serán muy franceses pero tu eres mas manchego que los carrizos. Cuando la tarde había avanzado y el calor ya no era tan sofocante, René invito a Kika a elevar el vuelo por encima de la maleza. Kika quedó extasiada, anonadada, alucinada del espectáculo que tenía delante de sus ojos, no se lo podía creer, veía una gran explanada llena de humanos en bañador preparando las mesas para la merienda mientras los niños jugaban desnudos a la orilla del agua. A Kika se le hacia la boca agua, bueno mas bien se le hacia la boca sangre. René interrumpió su ensimismamiento: -No creas que es fácil, a los niños los atiborran de todo tipo de ungüentos que huelen a rayos y es muy difícil picar y los mayores arrean cada manotazo que no veas, pero no te preocupes que yo te ayudaré. Revolotearé por las narices de los humanos para distraerlos y tu debes atacar por detrás de las orejas y por la espalda. Nuestra protagonista trompetera y el amigo René regresaron a ras de agua . Kika estaba sumamente emocionada y esperaba con anhelo la hora del ataque. Cuando el sol se hubo puesto y el viento se calmó hasta llegar al punto de calma chicha, decenas de miles de mosquitos y mosquitas de toda la Chelinesia se pusieron en formación dispuestos a entonar el himno que precedía cada ataque: “ A la marcha manchega Muchas mosquitas Muchos niño gordotes Sangre fresquita” El éxito de Kika con la ayuda de su amigo René Moustique fue extraordinario. Por fin había encontrado su lugar en el mundo y la felicidad al lado de su amigo. Muchas veces atacaron juntos a los humanos y otras tantas Kika hizo su puesta de huevos contribuyendo así a la perduración de una especie que lleva en el planeta Tierra 10 millones de años (hora mas hora menos). Y así vivieron felices el resto de sus horas de vida.

 P. D. René Moustique, ya viejecito, cometió la imprudencia de ponerse a revolotear sobre las narices de un niño que estaba merendando con su familia, este estornudó y René salió despedido hacia una sopa de pisto con berenjenas que el abuelo se llevaba a la boca en ese momento. Kika triste sola y abatida deambulaba cada tarde como sonámbula por las caras de los humanos. Era mi último día de vacaciones y dormitaba sobre una hamaca a últimas horas de la tarde. Un mosquito se paseaba por mi cara. Era Kika y me contó esta historia. Acto seguido me picó en el cuello. Podía haberle dado un manotazo y matarla, pero la dejé marchar, quizá a realizar su última puesta de huevos.